Sí. Fue, como en el caso de tantos inventos, una verdadera casualidad. Parece ser que los alquimistas de la dinastía china Han (del siglo III a. C. al siglo III d. C.) habían recibido el encargo de dar con un elixir de la eterna juventud y la inmortalidad.

Uno de ellos provocó una explosión fortuita durante sus experimentos al mezclar azufre y salitre (nitrato de potasio). Más tarde, este mismo sabio taoísta escribió el Libro del parentesco de los tres, para prevenir contra ciertas mezclas de este tipo. Pero la primera “receta” metódica y controlada de la pólvora (huo yao) se hizo esperar hasta la dinastía Tang (siglo VIII). La mezcla combinaba carbono (15%), azufre (10%) y nitrato de potasio (78%).